Los seres humanos del mundo estamos aprendiendo a estar guardados en la seguridad del hogar. La epidemia, pandemia, enfermedad o virus del coronavirus ha propiciado el efecto de resguardo social en cada una de las viviendas.
Desde luego que no es lo mismo estar al refugio de una habitación en un piso compartido, que en una caravana, en un piso de pequeñas dimensiones, que en una vivienda grande, con ventanas al exterior, buenas vistas, o en una mansión de enorme tamaño. Pero el hogar es el lugar donde podemos sentirnos a gusto y seguros.
También nos proporcionan sensación de seguridad elementos de protección como las mascarillas o los guantes. En momentos como este hay quienes dicen que no hay que dejarse llevar por esa sensación de seguridad, que sintamos más seguridad de la que realmente nos proporcionan dichas protecciones.
Hay que pasar este problema de la mejor manera posible, respetando normas y leyes, pero hay que tener muy presente que nuestro verdadero hogar es la Tierra. Es hora de cuidarla, respetarla y frenar con el desenfreno de consumismo irrespetuoso que veníamos empleando hasta antes de este fenómeno epidemiológico que ha parado el mundo.
Quizá sea necesario estudiar a fondo métodos de desarrollo y evolución respetuosos con la naturaleza.