Las personas de principios, valores y palabra están en peligro de extinción. Muchas mujeres y hombres que hoy suman más de 80 años de edad se destacan por gozar de una salud admirable en humanidad, en fraternidad, y bondad. Esas personas se nos van y estamos dejando perder un legado que no queremos recibir. Además, estos seres humanos destacan por su gran sensibilidad, su intuición a la hora de detectar a las buenas personas y dedicarlas su mejor trato.
Estas personas son asiduas a aquellas de hábitos ya en desuso como confiar en la palabra, es decir, son personas de palabra: lo que dicen va a misa. Basta comprometerse con un asunto o decir algo, que lo dicho es como si estuviera bien firmado y sellado. Cumplen con su palabra hasta las últimas consecuencias. Hoy es difícil confiar en un pacto que no ha sido firmado, en incluso registrado.
La mayoría de las personas que saben bien de estas cosas ya son octogenarios, nonagenarios o gozan de más de un siglo de vida. Cada una de ellas son grandes tesoros, joyas que debemos cuidar, mimar y de las cuales aprender porque esos hábitos que ya pasaron de moda quizá son la clave de la verdadera prosperidad.
P.D.: Cabe aclarar que también hay personas con edades inferiores con muchos valores y personas más mayores que poseen menos valores. Se trata de generalizar la aparente pérdida de valores actual. Quizá estemos cultivando otros.
P.D.: Cabe aclarar que también hay personas con edades inferiores con muchos valores y personas más mayores que poseen menos valores. Se trata de generalizar la aparente pérdida de valores actual. Quizá estemos cultivando otros.
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